Si estás acá es porque te elegí...


Este es un espacio personal donde convergen pensamientos y creaciones, un poco de lo que soy, de lo que pienso, de lo que he vivido, de como veo el mundo...

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Susana E. Buisson (Lakentsb)


martes, 13 de octubre de 2009

Carta a un padre que perdió una madre, de una madre que perdió varias cosas…


Sé de las palabras que sobran y los silencios que dicen mil palabras inútiles…
Sé que nada de lo que leas o puedas escucharme decir a mí o a quienquiera que se acerque a vos en estos días oscuros puede servirte de gran consuelo.
Sucederá en estos días que todas las palabras que oigas te sonaran vacías, todas las oraciones inútiles.
Hasta parecerán una oferta facilista de parte de algunos seres que piensan que están haciendo algo con eso para aliviarte.
En realidad nada de nada de lo que alguien pueda hacer o decir va alcanzarte, llegar adentro, a la profundidad de la herida, a la inmensidad del vacío que queda, que ahora toca enfrentar.
La muerte de un padre nos transforma. Nos revela. Se lleva la persona que amamos y nos pone frente a frente con la contradicción de nuestra fragilidad. La sensación de control que tenemos sobre las cosas se nos vuelve de repente insignificante.
Los padres son un refugio aunque seamos grandes, adultos, independientes.
Nos dan la sensación de que hay alguien que de alguna manera camina delante de nosotros por la vida y nos protege del futuro.
Nos da un pasado con el que identificarnos, nos permite sentirnos indefensos y niños por un rato, para tomar de nuevo coraje y salir a enfrentar la guerra cotidiana de existir.
Ahora, cuando el camino se nos queda vacío adelante y de golpe somos nosotros los primeros en la fila, y no tenemos a quien seguir o donde escondernos… quedamos expuestos. La soledad se siente de otra manera. Tomamos conciencia de que despertar últimamente se convirtió en esos cinco minutos para saltar de la cama y salir corriendo al trabajo, a la vida de siempre, que una vez elegimos y en alguna parte dejó de tener sentido para convertirse en una carga, en algo que quisiéramos cambiar pero ya no podemos…
Porque vivir hace tiempo que dejó de ser un milagro de cada instante para convertirse en una rutina odiosa, y amanecer cada mañana en algún momento se nos volvió automático, rutinario, desgastante.
La muerte cambia todo eso.
Nos expone desnudos ante nuestra fragilidad, ante el tiempo perdido en inutilidades que nada aprovechan. Nos cambia, nos quiebra y nada mas vuelve a tener el mismo sentido para nosotros.
Nos enfrenta con todos los te quiero que nunca dijimos, con todas las cartas que nunca escribimos, con todos los abrazos que nos guardamos y las llamadas que nunca hicimos.
¡Siempre es tan poco el tiempo! No sobran los minutos ni los centavos…no hay tiempo ni espacio para disfrutar de la sonrisa de quien está a nuestro lado, del amor del que nos ama…Para tomar conciencia de algo tan simple y tan maravilloso como es estar vivo.
Sucede entonces que nos revelamos definitivamente contra todo: La injusticia es demasiado grande y aunque nosotros podamos sobrellevar el dolor de la ausencia que se nos impone definitivamente, nos parece inhumana la forma, la agonía, la crueldad de los últimos días…
Pero ninguna rebelión dura para siempre, dura lo que dura el dolor, hasta que la herida cierra. Es un tiempo que no puede ser medido, es un camino único, que debemos transitar solos…
Cuando la persona que tenemos enfrente, ahora sin aliento de vida, nos refriega en las narices una vida vivida como Dios manda, puede sucedernos que perder a alguien nos devuelva la esperanza.
Una vida que fue luz para todos los que estuvieron cerca, que marcó un antes y un después en todas las personas que la conocieron… que incentivó y generó cosas mejores en quienes compartieron su tiempo y espacio, que hizo que otros pudieran sacar de adentro lo mejor de si, porque sencillamente creyó en nosotros, que podíamos darlo, que podíamos llegar lejos…puede convertir la pena en un desafío.
La llama que se extingue ante nuestros ojos se transforma en un espejo en el que nos vemos como somos hoy, recordándonos lo que una vez fuimos, antes, en la época de los mejores recuerdos, cuando podíamos reconocer en el fondo de nuestros logros el amor incondicional de ese ser que hoy se va y alguna vez nos impulso a seguir adelante aun cuando todo parecía no tener salida ni sentido.
Y nos encontramos con lo que por alguna razón dejamos de ser…Entonces, el ultimo deseo del ser amado que se fue, se nos convierte en mandato de vida: “ser como”, o intentarlo al menos…y dar de nuevo “lo mejor de mí” para no defraudar el sueño de lo que se esperó una vez de nosotros…
Y ahora hablo de mí, y de lo que alguien esperó de mí y no alcanzo a ver: de lo que quería que yo fuera y era mi sueño tambien, el que ahora persigo con más fuerzas…
Lo se, recuperarse lleva tiempo, y nadie sabe que sentís a menos que haya pasado por lo mismo. Yo pasé por esto, y le escribo a un padre porque ahora vos vas primero en la fila, y te siguen esos enanos que creen que lo podés todo, tal como una vez lo creías de tu madre, cuando eras chiquitito, y por amor a vos soñó grandes cosas y te impulsó a superarte, tanto que llegaste a ser la persona que sos hoy (no admito replicas a esto) con las partes que hayas dejado por el camino, pero la esencia hermosa que conozco y se, no se inventó de la nada…
Te escribo a vos, un padre que mira a sus enanos creyendo que pueden alcanzar cualquier cosa que se propongan, porque vas a estar para impulsarlos. un padre que hizo siempre mucho ruido por la vida y marcó muchas vidas también, para que lo sigas haciendo, y la persona que te hizo así, tan hermoso de corazón, siga viviendo en vos y en los que caminan ahora detrás tuyo.

Susana Buisson. 17 de Octubre de 2008.

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