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Susana E. Buisson (Lakentsb)


domingo, 11 de octubre de 2009

EL BAUL DE LA VERDAD

Pablo contempla el desastre sin terminar de entender qué sucedió. El baúl esta abierto, las cosas desparramadas…¡tanto empeño puso en guardar que, hasta olvido qué  cosas había puesto!
Descuidadamente olvidado a la vista de todos, disimulado apenas por la cortina de una vida llena de tragedias y accidentes, y de esos ataques de sinceridad medida que tan bien recuerda ella, que  a él le sirvieron para ganarse su confianza eterna y una capacidad infinita de no preguntar que el mismo inflaba a veces, con esa actitud totalmente conciente de dejarse adivinar para no tener que decir nada.
El baúl, ahora abierto, con todas las verdades afuera después de tanto tiempo lo desconcierta. ¡Qué debilidad! Debía reconocer que igual, ante ella: presencia constante, cercana, invisible e incondicional, las verdades a veces se le desbordaban. Hoy más que nunca en la vida, se dió cuenta de que hubiera dado todo y más por haber mostrado sus verdades a tiempo.
Ella en vez de reprocharle lo hubiera entendido. ..
Ahora está solo, toda una vida sin compartir lo esencial lo volvió de repente más incomprendido, más sombra, más insignificante, más ermitaño que nunca…
Pablo se lamenta: ¡tantas veces se jactó de su memoria detallista, perfecta!
La memoria… La de ella era igual, y le encantaba. Sobre todo las veces en que los recuerdos se le venían en oleadas y le invadían el cuerpo, y cuando la locura se desbordaba en palabras, ella también recordaba los mismos detalles…
Ahora esa memoria de ella lo dejó al descubierto, en "off side", como él solía decirle tiempo antes. Lo peor fue descubrir que no habría necesitado inventar semejante historia para ganarse algo de ella. Ahora, la verdad descubierta después de tanto tiempo decepciona, aleja, enfría. Es tarde…
Pablo tiene pena hoy, y todas las verdades removidas por una imagen traicionera que lo atravesó sin querer, dejándolo al borde de la nostalgia total…
Gritaría. Si sirviera de algo gritaría, con toda esa ira acumulada durante años, bajo miles de silencios, de palabras retenidas, de recuerdos borrados a cincel…
Si fuera como ella podría llorar, o escribir, y toda esa sangre revuelta fluiría  en borbotones hasta encontrar la calma, hasta apagar la llamarada que hoy enciende sus ojos verdes, casi amarillos de frío y fuego…
No pudo dormir, no pudo comer, no dijo una palabra. La imagen traicionera que lo traspasó de repente lo dejó como detenido en el tiempo, colgado en algún lugar entre aquel dolor antiguo y el hoy irremediable.
¡Y ella!, que siempre estaba ahí, a pesar de tantos dolores que ya le había causado y simplemente lo escuchaba cuando quiso ser comprendido volcando la nostalgia en el cuenco infinito de su paciencia…
No hubo reproches, aunque ahora sabe que la verdad no dicha puede transformarse en mentira fácilmente. No entiende cómo, pero ella no tiene rencor, y con la misma paciencia infinita de siempre, respetando su nostalgia nueva por este dolor tan viejo y repetido, explica…
Pablo está aturdido ahora, horas después sigue tratando de entender lo que pasó, tratando de encerrar su mente en una caja y no sentir. Tratando de encontrar alguna respuesta después de tanto tiempo viviendo sin vivir, existiendo porque respirar es un acto inconciente, cumpliendo porque no sabe no cumplir, corriendo porque un día empezó, y no pudo parar nunca más. Su cabeza explota llena de preguntas que nunca se hizo y que mil veces escuchó.

No haberse detenido… no haber dicho algunas cosas a tiempo… no haber dicho la verdad…

Ahora Pablo entiende, todo se puso en contra de repente: la intensidad de algunos dolores, la profundidad de algunas decepciones…la terrible maldad de una locura que no sabe hasta que punto es conciente. Lo irremediable de algunas cosas… de más cosas irremediables…Su catarata de preguntas  atravesó el silencio sin dar tiempo a respirar, preguntas sin respuestas... Desde el otro lado ella contemplaba el suceso sin creerlo: ¡ él, que se jactaba ante quien quisiera discutirlo de que nunca había mentido! ¡que se proclamaba a los cuatro vientos incapaz de no cumplir una promesa…!!

Y ahora, el baúl se derramaba de verdades frente a los dos. Revoloteaban afuera, como las hojas bailarinas del otoño en la plaza, y por más que corriera para atraparlas…No, ya no tenía sentido ni siquiera pensar en intentarlo.
Pablo se acercó a aquel baúl viejo y semienterrado en las arenas del tiempo, vió que aun quedaban algunas cosas pesadas  sujetas en el fondo…unas pocas cosas para guardar todavía. No quiso sentirse aun más vacío todavía, no quiso perderse en la transparencia, quedar atrapado en el lazo de la sinceridad… Por  un instante, la luz de la duda iluminó el fondo de sus ojos verdes, por un fugaz instante nada más, y cerró el baúl lentamente.

Si algo sabía, a pesar de sus rincones oscuros y desconocidos, era que el secreto de su intangibilidad estaba en el silencio.

Febrero de 2009. Susana Buisson. (a Pablo)

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