Si estás acá es porque te elegí...


Este es un espacio personal donde convergen pensamientos y creaciones, un poco de lo que soy, de lo que pienso, de lo que he vivido, de como veo el mundo...

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Susana E. Buisson (Lakentsb)


domingo, 11 de octubre de 2009

DESPEDIDA


La plaza esta vacía. La tarde gris, triste.

Es invierno en Buenos Aires, y su esencia helada se cuela con un frío despiadado por todas las rendijas en esta gran sala de espera.
Te estoy esperando, oculta entre millones de desconocidos que ajetreados deambulan de aquí para allá llegando a destino, partiendo. El aire cargado de emociones encontradas: reencuentros y despedidas, voces que repiten las mismas palabras, palabras que desconozco, idiomas que nunca oí.

Hace poco que nosotros nos vimos de nuevo por primera vez, después de tanto tiempo de ausencia indefinida, de amarnos a distancia, imposibles. Hoy aquí, escondida, espero verte llegar para despedirte, o para convencerme de que es cierto que te vas. No quería que te vayas, aun no quiero que te vayas, nunca voy a querer que te vayas a cualquier lugar que te lleve lejos de mis brazos. Pero ya aprendí que no puedo detener tu corazón a menos que quieras…¡ojalá quisieras esta vez!

Me es imposible encontrar las palabras para convencerte de que por una vez, no me alejes de nuevo de tu vida, pero no puedo recorrer tu camino, no puedo demostrarte que por más lejos que te vayas, lo que buscás no esta allá sino aquí, adentro, en tu mismo pecho, en tu mismo corazón, debajo de tu propia almohada.

No puedo enseñarte que no importan todos esos lugares que tus ojos no vieron todavía, ni todo el dinero que aún no ha pasado por tus manos. No hay nada que encontrar mas allá que primero no encuentres aquí. Lo tienes frente a tus propios ojos, pero yo no puedo enseñarte. Tal vez porque lo aprendí por mi misma después de tantos viajes lejos de mí, y a pesar de tantos otros que intentaron explicármelo antes. Ahora es tu tiempo, el camino es tuyo, los sueños son tuyos. Te corresponde a vos dar los pasos, no puedo ahorrártelos, no puedo decirte que basta con que yo lo haya descubierto para que no pruebes. No puedo prohibirte que vivas tus propias decepciones. Solo espero que las heridas no te quiebren, que mas bien te hagas fuerte, que te vuelvas más sabio...

Ya estas aquí. Puedo verte, y se me escapa una sonrisa en medio de mis lágrimas apenas retenidas por una respiración profunda. Tu andar tan familiar, tan lleno de prisas y cargado de bolsos me acelera el corazón. Es como si el tiempo volviera diez años para atrás y te viera cruzando de nuevo mi patio, con esa prisa particular que solía observar desde mi ventana.

Te llevas un poquito de todo lo que dejas aquí para engañarte en la distancia y tener por un tiempo las mismas cosas. Hasta que el cuerpo se te acostumbre y las ausencias ya no duelan en la piel.

Llegaste solo. Los tuyos ya se han despedido de vos en tu pueblo, lejos de aqui. Ya no traes ni siquiera las lágrimas de ella que quedaron en tu camisa antes de partir. Tampoco pudo convencerte de que te quedes cerca, a pesar de que intuya que en realidad lo que te impulsa a este vuelo lejano solo va a hacer mas fácil lo que ya hace tiempo no tiene remedio: el desamor.

Tus ojos estan libres de promesas. De alguna manera te percibo tan libre, tan ansioso de este espacio que hoy comienza para vos, que parece que tu esencia se te escapara del pecho y llenara todo el aire que nos rodea.

No te dije que venia, no lo sabes. No se si acercarme aun, temo que el verme te retenga, y aunque en el fondo del alma lo deseo, mi corazón no quiere retenerte hasta que quieras. Mientras cavilo en la indesición de llamarte o dejarte ir sin que me veas ahí, vuelve a ocurrir entre nosotros eso que nos ocurre desde siempre: me presientes, y empiezas a buscarme entre la gente, tu rostro cambia, tus ojos escudriñan cada rostro. Yo a tus espaldas evito mirarte, pero es en ese instante justo en el que te vuelves y me encuentras. Mi corazón se detiene por un rato.No sé como lo haces, no sé por qué sucede. Aún hoy no alcanzo a comprender este lazo, este lenguaje silencioso que mantienen nuestras almas, que nos permite percibirnos en la distancia, sabernos tristes, alegres o necesitados.

Sin pensarlo, corro a estrecharte en un abrazo infinito. A refugiarme en tu pecho amplio, tratando de grabar los latidos de tu acelerado corazón para siempre. De retener tu olor, la tibieza de tu cuerpo. No se me ocurre qué decirte que no te haya dicho ya. No quiero que mis lágrimas te pongan triste. Es que no me gustan las despedidas, pero vine igual, para verte de nuevo por última vez, como hace tanto tiempo, cuando te fuiste de nuestro lugar para siempre y te miré hasta que ya no eras más que una sombra entre las sombras.

Nuestro abrazo se extiende en el tiempo y me doy cuenta de que soy la única, de que nadie más ha venido hasta aquí a verte partir hacia tu sueño mas anhelado. Y en este momento mágico que nos regala la vida, te acompaño por el inmenso pasillo que te alejara de mi tal ves para siempre. Ordenamos tus papeles una vez mas, revisamos las valijas: ya está todo hecho, ahora solo hay que esperar a que la voz anuncie tu vuelo.

Nos sentamos en silencio un momento. Nunca estuvimos en este lugar y sin embargo es increíble como se repite entre nosotros el ritual de las despedidas. Ya sin llantos, hablamos de trivialidades, reímos de anécdotas de último momento. Nos miramos a los ojos en el más profundo silencio y vuelvo a sentir que algo se me va romper adentro si te miro al fondo de tus ojos de mar otra vez y dejo que me leas. Tu mirada cambiante se enciende y de repente me asaltas con un beso. Me pierdo en ese beso, en el abrazo y las caricias robadas como ayer, como siempre.

Me asombra tanto que nada haya cambiado entre nosotros después de tanta vida y tantos otros en nuestras vidas. Tu alma se me vuelve a quedar, no hay tiempo de devolvértela. Te quedan ya minutos y debemos acercarnos a esa puerta y separarnos. Debo soltar tu mano, dejarte ir. Volvemos a la prisa de las despedidas, a revisar por milésima vez que este todo en orden. Es el viaje mas largo de tu vida…

Vuelve el silencio mientras camino a tu lado hasta la puerta. Otra vez se me detiene el corazón con tu ultimo beso. Con tus manos en mi cara, ahora llena de lágrimas que no quiero que veas, pero ya no hay manera de ocultar mi rostro de tus ojos. Tus ojos de cielo se me clavan hasta lo más profundo junto con un te amo, y me quedo ahí, viéndote caminar hacia esa puerta que no se si te devolverá algún día. Sin entender nuevamente por qué la vida nos permitió encontrarnos solamente para compartir momentos tan fugaces y tener que despedirnos, habiendo en el medio tanto amor, sembrando entre nosotros tanta distancia que nunca cambió nada, a pesar de los otros, a pesar de las vidas que pudimos intentar separados.

Vos estás felíz a pesar de todo, caminas rumbo a tus sueños que crees tan lejanos. Yo no pude hacer que entiendas que estan aquí, porque estan donde esta tu alma. Y tu alma ahora está conmigo, se me volvió a quedar, ahora, con tu último beso. Pero ¿cómo hago para explicartelo?

Agosto de 2007.

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