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Susana E. Buisson (Lakentsb)


martes, 22 de junio de 2010

Pablo Fenix























Pablo Fenix despertó un día en el mundo solo.
El no sabía nada de mundos, nada sobre árboles, mucho menos sobre destinos...
No tenía idea de dinastías, ni tradiciones ni herencias...
Ni siquiera sabía su propio nombre.
Con sus ojos verdes, apenas abiertos, todo lo que alcanzaba a ver a su alrededor era soledad.
Su mundo era celeste, marrón y silencio.
Ni siquiera tenía idea de que el resguardo en el que crecía: unas antiguas raíces muertas, silenciosas y retorcidas, eran el esqueleto de su padre.
Tampoco tenía idea de que la razón de que alrededor solo hubiera silencio era porque nadie venía a contemplar una ruina.
 La gente solo se detiene ante la belleza, ante lo impresionante, y aquellas intrincadas raices muertas en medio de un barranco derrumbado no atraian a nadie...
A menos que hubieran venido antes, mucho antes, cuando todo era perfecto y la belleza de aquel viejo árbol imponente, con sus raices casi colgando sobre el barranco, atrapaba las miradas,  despertando sueños y anhelos imposibles. Cuando la brisa entre las ramas sejemaba murmullos, y la gente se largaba y le hablaba contándole sus secretos como si al viejo árbol le importase algo. ¡Como si tuviera algun poder para hacer algo por esos sueños derramados..!.

Pablo Fenix no tenía idea de esas cosas, él solamente sabía que un día había despertado en el mundo solo,
que a veces había luz, y a veces todo estaba completamente oscuro: Pero siempre en silencio, ni siqueira sabía que eso era silencio porque nunca hubo para él algo diferente...


Hasta aquella tarde, en la que  por primera vez sintió una calidez diferente, diferente a cuando había luz de sol  y todo alrededor era celeste , diferente a cuando sus pequeñas hojas se estiraban placenteras en una especie de bostezo infinito ante aquella caricia amarilla y cálida.

Esta calidez tenía la forma de unas pequeñas manos de niña, y él, sin pensarlo demasiado buscó sus ojos, porque en su memoria ancestral de árbol Pablo traía algunos recuerdos, y entre ellos tenía guardados los  destellos de un rostro pequeño, y de unos ojos  marrones y profundos como éstos que veía ahora, y que le parecieron mucho más puros. Nada más verlos pensó en sabiduria.

Pablo ni siquiera entendía de dónde le brotaban todas esas palabras para nombrar las cosas. No sabía que esas eran palabras, pero si algo tenía Pablo Fenix era certeza cuando se dejaba sentir...  y esa tarde sintió como sabiduria lo cargó en brazos, cual niño pequeño que era.

El viaje duró hasta llegar al fondo de un gran patio, donde el color marron, el celeste y el verde  se confundían con el verde de sus propios ojos. 


Pablo estaba otra vez abandonado en un rincón, y desde ese suelo nuevo y desconocido, observaba silencioso a aquellos tres extraños humanos discutir,  adivinando en sus gestos que esta vez que se trataba de él, que no había ira.  Que solo Estaban decidiendo.

Los contempló desde su habitual silencio de árbol , deteniendose esta vez en los detalles que no había
captado hace rato, cuando aparecieron perturbando por primera vez el habitual silencio de su existencia, y a lo largo del camino hacia aquel patio donde ahora descansaba.

Fue muchas tardes despues que Pablo descubrió que no estaba más solo. Pero a pesar de verlos tan cerca y tan a menudo,  notó que su mundo seguia siendo silencio.
Intrigado, indagó razones, hasta que una de esas tardes se dió cuenta de que solo vez en cuando, y cuando sabiduria, oso o la guardiana: los cuidadores de aquel patio donde ahora vivia,  venían hasta él con los ojos apagados y él estiraba sus ramas acariciando sus brazos, podia escucharlos .

No le importó demasiado, Pablo sabía demasiado poco del mundo como para darse cuenta de que él también era raro.

Con el tiempo aprendio a leerlos, a sentir sus emociones con solo un roce de sus ramas,  o cuando las vibraciones de sus risas lo estremecían desde las raices y la alegría le traspasaba la piel.

El tiempo pasó rápido y luego de tres inviernos, Pablo seguía sin saber demasiado de nada. Apenas si entendía esa necesidad vieja y desesperante de estirarse y tocar el celeste, siempre tan inalcanzable, sobre
su cabeza.  Apenas si podía resistir al cosquilleo de raíces cada vez que el viento, ahora que ya estaba un poco mas alto,  estremecía todo su cuerpo, y se agitaba, meciendose en una danza que se sabía de memoria y no tenía idea de por qué.

Un día, guardiana descubrió en el diario local una vieja historia con una foto que entendió era de su padre y
se atrevió a mostrarsela...Alli sentada, como siempre en el regazo de sus ramas, ella le contó la historia que narraban aquella palabras sin darse cuenta de que él solamente veía el movimiento alegre de sus labios.

Pero  aquella vez quedó desconcertado, Pablo entendió las palabras, y entre las letras de aquel viejo diario descubrio  un nombre.

Esa tarde supo que aquel de la foto era su padre,  que se llamaba Pablo, y que había sido alguien importante.

Su padre tenía historia, una que venía de una  distinguida dinastía de ombúes y acababa con él. Porque su padre fue el último, y además era raro.

Se preguntó que significarían esas palabras... Pablo Fenix no entendía qué era ser "raro",  para él la gente simplemente era,  la vida era, las cosas eran... asi, sin vueltas. Esa tarde pensó en que a veces es bueno no saber tanto y agradeció por solo saber sentir, y  por ser como él era, sin tanto preguntarse nada...
Pensó que saber de donde venía solo le servía para entender apenas algunas cosas,  "pero saber tanto sobre las cosas no nos hace quienes somos".se dijo mientras guardiana seguía leyendo.

Fue cuando vinieron los otros con ese nuevo brillo de sus ojos que se dió cuenta: ese dia los cuidadores
habían descubierto que él era un tesoro... y nadie jamas imagina tener un tesoro en su propio patio. Pero Pablo Fenix ya lo sabía, a eso lo había visto mucho antes, justo aquella tarde y en los  profundos ojos marrones  de la niña. Los únicos ojos que supieron verlo, la única que se inclinó entre las raices muertas y retorcidas que no importaban a nadie  y supo descubrirlo ahí.

Entonces, Pablo pensó que uno debería ser mas atento con las cosas que están en ruinas,  porque nunca se sabe lo que se puede esconder en ellas. Tal vez alguien, por no mirar demasiado, se estaría perdiendo de encontrar un tesoro.

Pablo Fenix pensó esa tarde que a él no le hacía falta ser un tesoro para el mundo... estaba conforme con ser un tesoro para alguien...


Guardiana cerró el diario con una sonrisa dibujada en el rostro y se recostó otra vez en el crecido tronco de Pablo. Su mente voló a aquella tarde en que salio con sus niños. Ella solo buscaba esperanza, no se imaginaba convertirlos en cuidadores. Ni siquiera se imaginaba que aquel escualido brote de algo que traían con tanto entusiasmo a casa podía significar tanto en el mundo de alguien...
Aquella tarde solo se había dejado llevar por el pedido silencioso en los ojos de sabiduría,  aceptando, sin saber qué clase de tesoro traían a casa...

Sus ojos recorrieron el joven y esbelto tronco y comprendió: Pablo Fenix era un retoño de esperanza.




(Susana Buisson...2010, A Guardiana, Oso y Sabiduria, homenaje y Continuación de "Pablo, el Ombu equivocado")
(Foto de M.A.)
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