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Susana E. Buisson (Lakentsb)


domingo, 24 de junio de 2012

LA PARTIDA

Amanece.
El otoño se despliega con pereza en las ventanas. 
La luz tibia inunda apenas la habitación de Ana. Hace horas que está despierta, inquieta, con una certeza inexplicable de que sucederá hoy...a pesar de las rutinas repetidas, inalterables, idénticas. A pesar de las promesas implícitamente renovadas, del lazo -casi palpable ahora- que los sigue uniendo.

Ana lo sabe.
Una sucesión de pequeños detalles, sutiles presagios, se han acumulado en su retina en las últimas semanas: la suma de sutiles silencios frente a palabras, preguntas y bromas que antes hubieran desatado una tempestad, o fuego incontrolable ahora lentamente construyen una barrera sutil de rechazos insignificantes.

Esta vez alcanzó a darse cuenta antes de que suceda, aunque duela igual, tanto que viene desangrándose hace semanas, desde el primer presagio: desde el primer silencio...

Adivina la determinación, la frialdad premeditada, el escudo, los puños cerrados, la mirada fija en cualquier punto menos en ella...como si ya pudiera verlo.

Ana lo siente en el cuerpo: ese lento desprenderse que es como un cambiar de piel, o como el cascarón de una cicatriz nueva, que cae lentamente de la herida recién curada y solo duele si la apresuramos.

Ana siente como él se va soltando de a poco, como para no desgarrarle el cuerpo, como si girara al compás de una venda gigantesca que alguien desenvuelve contra su voluntad...
¿quién dictamina que ella ya está sana? ¿quién dice que ya no necesita seguir envuelta de esa forma, oculta detrás de esa otra piel?
Aunque la certeza de que sucederá hoy esté acompañada de la inminente sensación de vacío, ausencia, soledad, este lento desprenderse también es para Ana un alivio.
La certeza también le dice a Ana que sobrevivirá. Que recién ahora comienza la verdadera vida...

Susana Buisson (2009.)

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