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Susana E. Buisson (Lakentsb)


martes, 27 de junio de 2017

Primera Parte

MIEDO

El problema era la transparencia con la que, para ella, él dejaba su rastro todos los días. 
Habría que ser muy poco perspicaz para no notar la forma finalmente constante en que, de alguna manera, él buscaba saber algo de ella en algún momento del día.

Ella podría pecar de acosadora o egocéntrica cuando, al leer aquellas pequeñas pero irrefutables pruebas, descubría esa especie de necesidad no confesada. Le gustaba fantasear que sucedía al final de una larga lucha interna para no ceder. Así podía obviar los millones de detalles que componían la inconstante rutina que generalmente lo absorbía del mundo, manteniéndolo la mayor parte del tiempo muy lejos de la posibilidad de recordarla siquiera unos minutos.

A veces cuando lo pensaba, era posible... Si se dejaba llevar por lo que veían sus ojos, y aceptaba que tal vez era cierto que detrás de aquellos disparos, a veces demasiado directos, él la estaba mirando y no eran solo palabras al azar...

A veces creía que tal vez, si alguna vez dejaba de balancearse dudosa sobre sus pies y daba el salto… él podría estar del otro lado del miedo para recibirla.
Si lo único que hace algo imposible es el miedo, tiene que confesar que últimamente reza todas las noches para se le contagie que lo que más le atrae de él desde que lo conoce: esa falta de miedo que parece impregnar cada uno de sus actos. Quisiera que su desparpajo le contagie esa temeridad, dejarse inundar por esa forma casi indómita con que enfrenta las mañanas y la música.

Lo que no puede saber es por qué cada vez que él la ve, algo se paraliza en su interior y lo detiene de lo que sea que podría suceder si concluyera todas las frases, y esas acciones que quedan por la mitad... Tal vez no es miedo, debe ser sentido común, o que ella lo distrae de tantas resoluciones, argumenta en silencio mientras lo observa, concentrado en las maniobras automáticas de conducir un viernes a las seis de la tarde en el caos de una ciudad que finaliza el día…concluye que, tal vez como ella.se ha convencido de que si no puede evitarla del todo, no pierde nada adoptando esta cercanía extraña, de encuentros fugaces, donde nunca hablan de esas otras conversaciones inconclusas, como si no existieran, y no existiera esa energía corriendo constante entre los dos. Hasta que a los dos se le entorpecen un poco las palabras y se siente rara, porque  ya no es el mismo que al principio, todo le parece contenido, extraño, aunque sus ojos siempre griten otras cosas que le inquietan el cuerpo.

Él es un misterio que con el paso del tiempo, ella ha descifrado lo suficiente como para desesperar. 
El tiempo, lento y tirano, la esclaviza a dar vueltas en una especie de danza llena de frases a medio terminar, obligándola a escribir febrilmente ideas revueltas.

El enojo se cuela a veces en sus ojos marrones. Ella sabe que tarde o temprano lo odiará por completo por envolverla en un juego con tantas incertidumbres. Decreta que un día se alejará sin mirar atrás, que no se siente atrapada en algo que ya no sabe qué es, que debía prever antes, antes de empezar un juego del que ya no puede desprenderse.

Susana Buisson. (Abril de 2017)


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